Comer liviano en la cena para no engordar

Uno de los grandes problemas luego de haber hecho dieta para adelgazar y haber logrado el peso deseado es saber  qué se debe comer para mantenerse y no volver a engordar.

Sobre todo esta disyuntiva se presenta a la hora de elegir que alimentos ingerir para la cena.

Existen diferentes criterios entre los especialistas, están aquellos que aconsejan no comer pasta, otros dicen que lo mejor es una buena ensalada que otorga sensación de saciedad y no aporta casi calorías, otros aconsejan el pescado, es de fácil digestión y no hará volver los kilos que han desaparecido.

Muchas personas optan por no comer por la noche, lo que no es recomendable ya que el ayuno hasta el otro día sólo hará que se tenga mayor apetito para la hora del desayuno.

Además, deben realizarse como mínimo cinco comidas diarias y la cena es una de ellas, a pesar que lo mejor es que de todas sea la más ligera.

La razón es simple, generalmente luego de cenar y en un lapso de tiempo relativamente corto todas las personas suelen ir a dormir y siendo el período del día donde menos calorías se consumen y como consecuencia menor es el esfuerzo físico. Esto significa que existe una necesidad más baja de calorías y todo

alimento que se ingiera de más no se quemará en el momento.

Lo aconsejable entonces es no consumir alimentos con alto contenido graso porque hacen lenta la digestión.

En cambio, se aumentará el consumo de verduras y frutas, teniendo en cuenta que los vegetales estarán cocido y lo ideal es hacerlos al vapor. Si las verduras se comen crudas se retrasa el proceso digestivo.

Por otra parte,  las proteínas animales estarán presentes en la cena y para ello se elegirán carnes magras, como ser pollo, conejo, pavo, pescado blanco o claras de huevo.

Las proteínas son necesarias por la noche ya que con su ingesta se eliminan con mayor facilidad las grasas que se encuentran almacenadas en el organismo.

La cena debe ser liviana y lo más conveniente es comer una hora y media antes de ir a dormir, de lo contrario la digestión se vuelve pesada y lenta, además de problemas para conciliar el sueño.

Es bueno recordar que las reservas de glucógeno de los músculos y también del hígado se van recargando por medio de los carbohidratos que se consumen durante el día  que son la principal fuente de energía del cuerpo. Cuando estas reservas se encuentran completas como suele ocurrir al final de la jornada y se consumen carbohidratos en la cena, estos irán a formar parte de las reservas de grasa, fuente principal de energía de reserva del organismo y lo más importante “no tiene límite de acumulación”.

Por último,  lo ideal es que la cena proporcione un 30% de las calorías diarias que se consumen y las horas de ayuno de la noche son el momento que el hígado utiliza para poner en funcionamiento los sistemas de desintoxicación.

Por ello,  si la comida ha sido excesiva y muy abundante en grasas y proteínas el proceso de depuración se hace lento.

Una cena liviana es lo ideal para sentirse bien, no tener apetito desmedido por la mañana y por sobre todas las cosas no engordar.

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