Hace un par de días pasé a buscar a mis sobrinos, con la intención de llevármelos a jugar un rato al aire libre. Iba perfectamente preparado, incluso le había pedido a mi amigo del alma su pelota de rugby. La idea de echarnos unas carreras, con placajes incluidos en la playa me parecía absolutamente genial. Pero los chavales no opinaban lo mismo.
Su plan, mucho más atractivo para ellos que el de su tío, era meterse, entre pecho y espalda, una buena sesión de vídeos de lucha libre americana. Sentados delante del ordenador, por Youtube puedes ver casi lo que quieras, sus cuerpos se estremecían con cada golpe y patada de los Randy Orton, Chris Jericho o Batista.
Antes de dejarme llevar por comentarios tipo “abuelo cebolleta”, la memoria vino en mi ayuda, recordándome aquellos lejanos años del Pressing Catch, cuando yo participaba en rituales parecidos. Los sábados por la mañana, levantándome aún medio dormido para ver los combates. ¡Qué tiempos!
Hulk Hogan, los Sacamantecas, el Enterrador y, mi favorito, El Último Guerrero. Me encantaba el numerito que montaba, dejándose arrear de lo lindo primero para, después, quedar poseído por el “baile de sanvito” y terminar con quien se cruzara en su camino.
Es lo que tiene esto de hacerse mayor, que además de cuidarnos un poco más, podemos soltar alguna lagrimilla nostálgica recordando series como Marco o espectáculos como la lucha libre. De todos modos, como el plan era pasar la tarde con los sobrinos, allí me quedé, con ellos.
La esencia del circo que rodea a la WWE es, en esencia, el mismo de mi tierna infancia. Pero he de reconocer que me despertó la curiosidad el poder conocer algo más sobre esos monstruos que bailaban sobre el ring. El vencedor absoluto de aquella tarde de vídeos fue un tal John Cena, así que él fue el elegido para mi “investigación”.
Este personaje, con unas cifras nada despreciables de 112 kilos de peso, en poco más de metro ochenta de altura, está considerado uno de los mejores atletas de la competición. Apodado El Marine, ha sido campeón en varias ocasiones, la última este pasado otoño.
Cena, antes de dedicarse full-time a esto de la lucha libre, era profesor de educación física. Con una juventud ligada al deporte, de hecho fue capitán del equipo de fútbol americano de su colegio, por muy típico y tópico que esto suene, sus entrenamientos diarios han sido uno de los pilares sobre los que ha asentado su espectacular aspecto de hoy en día.
El Marine ha explicado, en varias entrevistas, que tres rutinas de ejercicios no faltan en su entrenamiento en gimnasio. Vamos a detenernos en ellas para ver qué podemos aprovechar.
La primera es la de “el cable extensor”, en la que con las piernas y los codos algo flexionados, extiende y contrae los brazos. La segunda es “la barra lateral”, donde trabaja sus hiperdesarrollados pectorales, subiendo y bajando el peso. Por último, “la barra de peso” que exige que, con las rodillas estiradas, elevar el peso doblando sólo las caderas.
Tres ejercicios fundamentales para mantener ese físico tan trabajado que luce en cada combate. A mí, después de que mis sobrinos me hayan retorcido hasta la nuez con algunas de sus llaves, tal vez me habría venido bien aplicarme un poco más.

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