Cuidado con las dietas milagro y los alimentos funcionales
Perder peso y adelgazar disminuyendo la grasa corporal supone un esfuerzo: no es preciso hacer grandes sacrificios, pero sí adaptar algunos hábitos, y esos cambios siempre implican una exigencia.
Sin embargo, la tentación de perder kilos sin esfuerzo está ahí: los medios de comunicación, la publicidad nos bombardean con dietas o planes de nombres sugerentes, que prometen espectaculares y rápidas pérdidas de peso, cuando la realidad es que la mayoría sólo hacen perder agua y masa muscular, con lo que el peso se recupera rápidamente.
No recurrir a las dietas milagro para perder peso rápidamente antes del verano y desconfiar de los alimentos funcionales son algunos de los consejos de la Organización de Consumidores y Usuarios -OCU- y de la Sociedad Española de Bioquímica Clínica y Patología Molecular -SEQC-.
Para saber si realmente es necesario adelgazar, la OCU recuerda la importancia de conocer y saber calcular el índice de masa corporal (IMC) y actuar en consecuencia, fijando un peso sano y realista.
Esta organización señala que se debe desconfiar de aquellas dietas que prohíban algún grupo de alimentos o establezcan una lista de “buenos o malos”; de las que promuevan el ayuno; sean muy bajas en calorías -menos de 1.200 kilocalorías diarias- o prometan pérdidas de peso demasiado rápidas -más de medio kilo o uno por semana-.
Advierte también sobre los medicamentos para adelgazar, que están indicados para pacientes con sobrepeso u obesidad y que, en cualquier caso, sólo deberían tomarse bajo prescripción médica.
La OCU alega que, a pesar de que este tipo de fármacos se puede adquirir fácilmente por Internet -lo cual está prohibido en España-, su consumo sin la supervisión de un profesional supone un riesgo altísimo para la salud.
Por su parte, la SEQC indica que el consumo de productos enriquecidos y fortificados ha aumentado de forma progresiva en España -entre un 3,7 y un 153,7 por ciento, dependiendo del alimento- entre los años 2000 y 2005.
Sin embargo, informa de que la mayoría de los denominados “alimentos funcionales” no disponen de estudios suficientes y consistentes que demuestren sus propiedades saludables.
Esta sociedad precisa que deberían incluir en el etiquetado información sobre la cantidad de alimento y el patrón de consumo requeridos para obtener el efecto benéfico declarado, si determinadas personas deben evitar su consumo o si pueden suponer un riesgo para la salud.
La doctora Begoña Olmedilla, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas -CSIC-, explica que la sociedad se enfrenta a multitud de nuevos alimentos en el mercado, que contienen componentes activos añadidos, o de los que han sido eliminados los identificados como perjudiciales, con el objetivo de producir efectos beneficiosos sobre la salud tanto a corto como a largo plazo.
No obstante, aclara que en la mayoría de los casos todavía no hay estudios suficientes y consistentes que permitan realizar una declaración de propiedad saludable en relación con determinados componentes o alimentos.
Los consumidores no tienen una información clara sobre qué son estos alimentos, qué pueden aportar o cómo diferenciarlos, por lo que sería necesario proporcionarles información concisa sobre este tipo de productos.
Visto en Que.es









