Deporte y estrés, los imperativos de la vejiga

Todos los deportistas han experimentado ese deseo irreprimible de ir a orinar justo antes del comienzo de una competición. A esto se le llama el “pipí” del estrés. ¿Sabéis dónde se encuentra el mayor urinario del mundo? Cada año, lo vemos en Nueva York, al comienzo del mes de noviembre, y no muy lejos de Central Park, cuando miles de corredores de la maratón, antes de comenzar, alivian los imperativos de la vejiga casi al mismo tiempo.
El estrés de la carrera, y con frío, conlleva una diuresis que parece una epidemia. Para los hombres que siempre encuentran una esquina para aliviarse, no suele ser un grave problema. Pero para las mujeres, la situación es más complicada. Incluso se llegan a formar largas filas delante de los servicios, justo antes de que comience la carrera.

Vejiga y frío

Antes de la carrera, hay dos parámetros principales que ejercen su influencia sobre las ganas de orinar. El principio, primero. Cuando los corredores se quitan el chándal, es importante corredor maratonmantener un mínimo de actividad física para no enfriarse. Sin eso, el organismo procede a una reorganización de su distribución sanguínea, con el fin de limitar las pérdidas de calor. Los especialistas hablan entonces de vasoconstricción periférica.
En otras palabras, la sangre abandona las extremidades para priorizar la circulación profunda. Esto conlleva una subida de la presión arterial que tiene por efecto la inhibición de la secreción de la hormona antidiurética, y entonces se comienza a sentir el deseo de ir a orinar. La reacción es muy rápida. Basta con hacer esta experiencia, saliendo de una sauna y poniéndose enseguida debajo del chorro de una ducha fría. Casi de forma inmediata, sentiremos ganas de ir al servicio.

Cuidado con el estrés

El estrés también juega un papel importante, induciendo a ciertas modificaciones del estado de tonicidad del conjunto de los músculos del cuerpo, concretamente de aquellos que rigen los esfínteres de la vejiga. Justo antes del inicio de un partido de fútbol, la mayoría de los jugadores tienen ganas de ir a orinar. Después, cuando se entra de lleno en el esfuerzo, esta sensación desaparece, y ya no vuelve a surgir hasta algunas horas más tarde.

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