Uno de los productos más cotidianos y a la vez más poderosos para hacer que nuestro cuerpo funcione a las mil maravillas son las mandarinas. La mandarina es uno de los alimentos que más gusta a los pequeños, ya que es muy fácil de comer y su sabor dulce favorece que sea bien recibido por ejemplo por los más pequeños de la casa. El origen de la mandarina es chino, de hecho, su nombre es una referencia al color de los trajes que llevaban los chinos de la zona de donde tiene procedencia. No en vano, el idioma chino más hablado es el mandarín.
Volviendo a las propiedades de la mandarina, lo primero que cabe decir de ella es que como todo cítrico contiene agua, también vitamina c y caroteno, esto hace que sea ideal para embarazas y niños, ya que una de las principales propiedades de la mandarina es su capacidad antioxidante, que ayudará a nuestro cuerpo a vivir mucho mejor. Para los deportistas, que en este blog tenemos mucho, también aporta potasio, y en menor medida calcio.
Al igual que su hermana mayor la naranja, es uno de aquellos aliados de la lucha contra los resfriados y las gripes en los inviernos, ahora que tenemos la posibilidades de poder comprar mandarinas durante todo el año, podemos en invierno aumentar su consumo, para así mejorar nuestros anticuerpos y nuestras defensas contra los resfriados y los catarros típicos.
Pero las propiedades de la mandarina van mucho más allá, sirve también para luchar contra algunas enfermedades concretas, como por ejemplo los problemas cardíacos, diabetes, colesterol alto, úlcera, gota, e hipertensión arterial. Sin duda, como podéis ver, el poder de la mandarina es considerable.
Una de las propiedades que es bastante desconocida, es contra el colesterol, gracias a su captación por parte de la fibra a nivel intestinal, nos ayuda a controlar la absorción de grasa y por tanto el colesterol.
Otra ventaja respecto a otros alimentos, es que se puede tomar de mil y una formas y combinada con todo tipo de cosas. Puede ser una perdición para todos aquellos golosos que quieran mezclarla con miel, azúcar o cualquier otro pequeño capricho.