Seguramente, si os menciono el nombre de Alexandre Campos Ramírez no os diga absolutamente nada, quizá, ni siquiera el nombre de José María Figueras Jaumandreu. Pero estos dos personajes son vitales para entender el nacimiento y la popularidad de un semideporte como son los futbolines, y en los que seguramente, muchos de nosotros hemos pasado horas dale que te pego intentando simular la pasión y la emoción que también se vive en un estadio de fútbol.
Todo empezó en la guerra civil española, cuando Alexandre Campos, se refugió en un hospital herido de guerra, y percibió que muchos niños lisiados ya no podían jugar a fútbol. De ahí, sacó la idea de construir un juguete para que pudieran continuar jugando. Lamentablemente, la guerra hacía que las jugueterias estuvieran más por construir armas que juguetes, así que su idea, en aquel momento no triunfó. Así, al perder la guerra civil, traspasó la frontera exiliándose, pero en su bolsa llevaba la patente de aquel tosco juguete: el futbolín.
Cuando algunos años después volvió al estado español, se encontró con que en la mayoría de bares y locales se estaba poniendo de moda un juego, si, en efecto, su futbolín, pero lejos de ser él quien hubiera realizado tal cosa, se trataba de los futbolines del segundo personaje, el empresario José María Figueras Jaumandreu, que empezó a comercializarlos por la zona de Osona y Barcelona, teniendo un muy buena acogida.
Pero, ¿cual es el futbolín más viejo conocido? Está en el barrio de Gràcia, Barcelona, y data del año 42. De hecho, los vecinos recuerdan aún el taller de Jaumeandreu, en la calle Sant Lluís número 14. Aquel emblemático futbolín, que no solo eran figuras de jugadores, si no que simulaban las caras y los cuerpos de futbolistas de la época, aquella genial delantera del Barça de las cinco copas, Kubala, Basora, Manchón con Ramallets y César.
¡Todo un lujo!