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Estos días nos llegan noticias de nuevos muertos en las lejanas montañas del Everest. Pero aunque lejanas, son también muchos montañeros que encuentran su final en nuestras montañas más próximas. Tras el heroísmo del montañismo, esa épica de que está envuelto este deporte, también nos encontramos con una realidad cruel y distinta: la muerte.
La mayoría de montañeros conviven con la peligrosidad y el riesgo que es en muchas ocasiones subir montañas, alcanzar cimas y adentrarse en la superación personal. Ello en ningún momento debe hacernos dejar de disfrutar minuto a minuto nuestras salidas, pero si que nos debe volver humildes.
La muerte en la montaña 1El primer secreto de la montaña debe ser justamente fomentar la cultura del respeto y la humildad entre los montañeros, y saber entender los peligros y las eventualidad que se nos presentan allí arriba, solo así, sabremos interpretar todos esos detalles que la montaña nos envía en forma de información, seguir mejorando técnicamente y también en veteranía.
En la actualidad se está fraguando una nueva realidad en la montaña, y es justamente el aumento de participantes en esta práctica deportiva, ya que este aumento de personas también se traduce en más accidentes y más casuísticas especiales. El acceso de la montaña a todos no debe vendarnos los ojos ante eventualmente los peligros que entraña.
Tenemos a nuestra disposición inventos de todo tipo, la tecnología está siendo generosa, y a los gps’s, las radios, etc, nos hacen posible mejores y más seguras ascensiones. Aún así, esto no debe traducirse en una falsa sensación de seguridad, ya que muchas veces esa sensación nos hace bajar los detectores y es cuando se nos avecinan los problemas.
En conclusión, no debemos tener miedo a la montaña, pero si respeto y humildad ante ella. ES un trabajo de todos conseguir unas montañas más seguras, y sobre todo, disfrutar aún más de la sensación única que es ascender una buena cima.