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La práctica de un deporte de competición no es sinónimo de restricción de aporte en grasas. El deportista tiene por imperativo satisfacer sus necesidades en ácidos grasos esenciales, incluso en caso de restricción energética durante los períodos de pérdida de peso.

Estos ácidos grasos están implicados en la síntesis de hormonas, la coagulación, el crecimiento y la cicatrización de los tejidos, las defensas antiinflamatorias, las funciones cerebrales y cognitivas…

La alimentación debe imperativamente cubrir las necesidades de estos ácidos grasos esenciales. Se han observado por desgracia carencias durante los regímenes hipocalóricos más llevados. Las fuentes de ácidos grasos esenciales deben pues verse reforzadas, lo que justifica la frecuencia de pescado graso, aceites para la condimentación en la alimentación.

Dieta deportivaLa práctica de una actividad física utiliza grasas como fuente de energía. Tiene una acción beneficiosa para el equilibrio del balance lipídico, disminuyendo el colesterol total y los triglicéridos, y aumentando el “buen colesterol”. Tampoco es una razón para abusar.

Particularidades en el deportista

La práctica deportiva no es una coartada para permitirse comer grasas. Las actividades físicas se inscriben en un equilibrio alimenticio global, una higiene de vida orientada hacia la salud, o los rendimientos deportivos, lo que no excluye una alimentación “placentera” al mismo tiempo. Por razones de digestión, la alimentación del esfuerzo debe ser “ligera” en grasas, bien sea antes, durante o después del esfuerzo.

Adaptar el consumo de grasas

Por regla general, se debe consumir pescado grasos dos veces a la semana. Se deben usar aceites para condimentar, alternando o mezclando aceite de oliva, de colza, de nuez, de girasol. Se dosifica la cantidad sirviéndose de una cuchara, y fijándose como referencia: 1 cucharada sopera de aceite por porción (para una persona).

En todo caso se deben limitar los fritos y empanados, así como productos grasos: de 1 a 2 a la semana (patatas fritas, filete, queso fundido, pescado frito y empanado, pizzas, quiches…). También se deben limitar los productos con grasas escondidas: galletas saladas o dulces, charcutería, queso, repostería, etc.

Para cocinar los alimentos, lo ideal es usar sartenes antiadherentes, puesto que no necesitan que se les ponga aceite.

En resumen, querer defender un porcentaje de masa grasa lo más bajo posible no es un factor de rendimiento. Esto implica restricciones alimenticias importantes y desequilibradas con un riesgo mayor de carencia nutritiva, desarreglos comportamentales y psicológicos.