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Esta semana se está disputando en la ciudad estado de Mónaco una reunión atlética, entre otros huestes venerados por la parroquia de seguidores al atletismo, ha destacado la aparición del gran Usain Bolt, que ha conseguido alcanzar su mejor marca del año, 9,88 en los 100 metros. El dato es simplemente apabullante, pero hay que ir más allá, y algo que los expertos en atletismo están reiterando es el gran potencial del jamaicano, que aun está bastante lejos de haber dado todo su potencial en la pista.

Normalmente, los atletas suelen reservar sus mejores marcas, ante todo los más geniales, ya que superar marcas es una de las cosas que genera más propaganda, así como premios y dinero para los atletas. Además, de esa forma nos dan material para hablar del atletismo en blogs y periódicos. Pero en el caso de Bolt hay que destacar que en esta carrera, aunque la ganó, sufrió, sufrió mucho, ya que su salida fue más bien mala, y tuvo que sudar mucho para conseguir superar a sus adversarios.

La salida de Usain Bolt 1Eso simplemente asusta, ya que si trabaja la salida podemos estar hablando del hombre más veloz de la historia, y de alguien que puede llegar a marcar un tiempo en los 100 metros lisos difícilmente superables en el futuro. ¿Hasta donde llega el ser humano? Bolt está poniendo, o mejor dicho, marcando, los límites humanos de la velocidad, poniéndose por delante de la velocidad de animales que el común de los humanos no podemos llegar ni a alcanzar.

A parte de él, cabe destacar el segundo y el tercero, que fijaron unas marcas increíbles, Nesta Carter, segundo con 9.90, y el estadounidense Michael Rodgers, tercero con 9.96. De nuevo, estamos en unas cifras de vértigo. Pero quizá lo más bonito de toda la reunión de Mónaco haya sido el estupendo seguimiento que ha tenido, más de 25.000 personas llenaron el estado y aplaudieron a rabiar en esta prueba, una de las más esperadas. Estos datos demuestran que el atletismo ha vuelto a conectar con la afición, y se vuelve a unos números de seguimientos por encima de los últimos años, en que se había vivido un cierto declive.