La obesidad se caracteriza por un exceso de tejido adiposo, mayor al 20% del peso ideal esperado para la edad, la talla y el sexo. Es un problema de malnutrición por exceso.
En el 50% de los casos aparece antes de los dos años, y, en el porcentaje restante, en los períodos de mayor crecimiento, particularmente, en la pubertad y adolescencia.
Constituye un problema de salud pública, que afecta, mayoritariamente, a la clase media y que tiene mayor incidencia en los países desarrollados.
Es el resultado de una compleja interacción entre los factores genéticos, psicológicos, ambientales, hormonales, y socioeconómicos. Factores como el estado de salud, el ambiente en que se desarrolla el niño, la conducta, el estilo de vida y el sedentarismo, son fundamentales en la génesis de la obesidad.
Generalmente son niños pasivos, con baja autoestima, reprimidos, tímidos, su gran apetito obedece a una actitud de escape, comen de manera compulsiva, y tienen bajo rendimiento escolar y deportivo. El niño y adolescente obesos muestra poca tolerancia a las actitudes de sus compañeros y familiares en relación con su aspecto y aceptación, muy pronto se siente marginado y rechazado; los insultos de sus compañeros pueden ser destructivos.
El tratamiento del paciente obeso es multidisciplinario. Para realizarlo, se requiere contar con su grupo familiar y generar la motivación en éstos niños.
Para evitar el desarrollo de ésta enfermedad, es indispensable la implementación de programas de detección e intervención temprana en edades escolares, evitar la obesidad durante la gestación.
También es fundamental favorecer la lactancia materna absoluta hasta los cuatro meses como mínimo, retrasar la introducción de alimentos no lácteos hasta los 4 meses, motivar la actividad física, vigilar frecuentemente el peso y promover la educación nutricional y hábitos sanos de vida.
Es conveniente que desde los primeros meses de la vida los niños adquieran un buen hábito alimentario. Debido a que compartir los alimentos constituye una actividad social y trascendente en la relación familia, ésta oportunidad debe aprovecharse para prevenir la obesidad infantil.
Es fundamental, la modificación de los hábitos alimentarios de la familia, donde los padres cumplen un papel muy importante. Estos deben implementar “reglas” para la alimentación, como fijar horarios para los tiempos de comida, determinar el lugar para el consumo de alimentos, indicar cuál es el comportamiento que se debe tener en la mesa, promover una masticación adecuada y marcar el tiempo disponible para el consumo de alimentos, entre otras.
Además, deben vigilar que el niño al bajar de peso no presente alteraciones en su crecimiento y desarrollo ni alteraciones metabólicas, que el apetito se reduzca y deben tratar de evitar los problemas psicológicos.
Se realizará un control diario de los alimentos consumidos, la adecuación del plan de alimentación para su etapa de crecimiento y desarrollo, la correcta y variada distribución de los alimentos para su ingesta diaria (para evitar que piquen entre horas), y ejercicio y actividad física rutinaria.
Utilizar alimentos, principalmente las golosinas, como premios no es conveniente, ya que se encuentran fuera de las reglas, y el niño puede tender a una marcada preferencia por estos alimentos, al relacionarlos con actos y conductas que ante sus padres fueron positivos.
Dicha patología contribuye entre, otras causas, a incrementar la mortalidad prematura por enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus, alteraciones esqueléticas, hipertensión arterial, hipercolesterolemia, dificultades respiratorias, alteraciones cutáneas, alteraciones en el sueño, transpiración excesiva, hinchazón de los pies y los tobillos, trastornos menstruales en las mujeres e inadaptación psicosocial.
Es conveniente acostumbrar a los niños a masticar despacio y a levantarse de la mesa sin sensación de hambre; promover el consumo de alimentos naturales; y fortalecer la autoestima y alentar al paciente a tratar el control de peso con una actitud positiva también contribuirán a alcanzar el éxito del tratamiento.
Excelente post compañero.
La vida sedentaria y la falta de actividad física, junto con una dieta inadecuada están agravando en gran medida este problema.
Mauro.