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El ciclismo vuelve a estar en las pantallas, pero no justamente por la Vuelta o el Tour, de hecho, no por el mítico Tourmalet, si no más bien por los continuos escándalos relacionados con el dopaje, que han dinamitado poco a poco a lo largo de los años a este deporte de una forma, que ha llegado a afectar realmente su cuota de pantalla en los medios y su repercusión mediática y económica.
Solo hay que ver el seguimiento que este año ha tenido la Vuelta para darnos cuenta de los niveles donde se ha llegado. El escepticismo también es la norma. Ahora es Alberto Contador el acusado, el que jura y perjura que no se ha dopado, pero es que antes de él, una larga cola de ciclistas han sido acusados, con o sin razón, por parte de unas autoridades poco dadas a ser minuciosos con este tema, y que merman poco a poco la credibilidad en un deporte que llegó a ser considerado nacional en algunos países.
El drama del ciclismo 1Esto, se une también a otros datos menos relacionados con polémica, como por ejemplo los flojos tiempos en el Tour o en la Vuelta, por ejemplo, Contador acabó el 35º en la ‘crono’ de Pauillac a 5’43» de Cancellara. Andy Schleck, el 44º a 6’14», lo que simboliza el peor resultado histórico del Tour, y ha llovido mucho.
El ciclismo es un deporte tocado, estas últimas semanas, el escándalo con Contador ha llevado a este a un periplo por los programas de televisión de variedades, o más bien de cotilleos y farándula, en un espectáculo poco digno, dónde cualquiera se consideraba un experto para dar su opinión sobre el tema.
No sabremos si Contador realmente se dopó con clembuterol, si otros lo hicieron, o si solo en el ciclismo existen estás prácticas, lo que si sabemos a ciencia cierta es la chapuza que realizan las autoridades ciclistas internacionales para controlar estos abusos, y de que forma más desafortunada tratan este problema.
Cómo siempre, sale perdiendo el ciclismo.