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Conocemos bien el síndrome de la menopausia en las mujeres, pero algo menos el de la crisis de los 50 en los hombres. Sin embargo, la crisis de la cincuentena existe, tanto en los hombres como en las mujeres. Se trata de la hora de hacer balance y poner en cuestión ciertas cosas. En realidad, esta crisis acaece entre los 45 y los 55 años.

Todos los hombres no son iguales ante esta crisis. Algunos no cambian absolutamente nada de su vida, puesto que después de un análisis sin concesiones, piensan que su vida es perfecta. Otros, por el contrario, sienten un malestar general, y todo lo que hasta ahora tenía una fuerte importancia, se vuelve secundario. Para estos hombres, la cincuentena es sinónimo de cambio brusco en la vida de todos los días.

¿Cómo se puede explicar esta crisis? Un buen día, nos levantamos y tomamos conciencia de que la vida es demasiado corta. Todas las preguntas importantes pasan por la cabeza: ¿Es útil mi vida? ¿Estoy satisfecho con el recorrido vivido en mi existencia? ¿Y mañana, qué?

Los hombres y la crisis de los 50 1Todas estas preguntas piden una respuesta satisfactoria. Es la hora de hacer balance.

Diferentes factores son los que intervienen para provocar esta crisis, y los psicólogos y psicoterapéutas saben bien de qué se trata.

El primer factor se traduce por la gran dificultad para establecer una prioridad en los valores. Todo lo que es estable y establecido, salta por los aires.

El segundo factor provoca un repliegue sobre uno mismo y sobre el pasado. Nos anclamos en el pasado, y se hace imposible una proyección de futuro. No tenemos ganas de vivir nuevas experiencias: ¿para qué hacer tal o cuál cosa, y con qué finalidad?

El tercer factor es el de una desagradable impresión de que el tiempo va demasiado deprisa. La muerte se ve venir, y esta idea es angustiosa.

No existen recetas milagro para luchar contra esta crisis, pero sí para superarla con éxito, por eso es necesario estar precavidos: antes de dejarse llevar por la corriente que nos tira hacia abajo, es necesario proyectarse hacia el futuro, sin perder interés, y sobre todo, arreglar las cuentas pendientes con todo aquello que pudiera provocar una insatisfacción. La verdad, es que esto es fácil decirlo, pero más complicado realizarlo.