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Los regímenes hiperproteicos permiten una pérdida de peso rápida. Pero este método es muy peligroso para la salud, y aunque los kilos se pierden rápido, vuelven a recuperarse con facilidad. Muchos son los que se ven tentados por este modo de alimentación, empujados por la idea de obtener rápidos resultados. Pero la realidad del régimen hiperproteico es mucho menos atractiva.

Los regímenes hiperproteicos no funcionan

Pongamos las cosas en claro desde un principio, ¿qué es lo que se está buscando, una pérdida de peso regular, y sobre todo estable? Entonces conviene dejar de lado los regímenes hiperproteicos, ya que no funcionan. La idea de sobrecargar el cuerpo con proteínas, antes de tomar una alimentación normal, es algo nefasto.

Privado de azúcares, durante un largo tiempo, al cuerpo le falta su carburante ordinario. Igualmente, va a transformar la grasa en carburante sanguíneo. Por esta razón, se pierden muchos kilos de forma rápida cuando se realiza este tipo de régimen. El problema está que cuando se vuelve a ingerir 1 gramo de azúcar en la alimentación, el cuerpo se centra en este recurso, que se ha vuelto tan escaso, provocando una reacción inmediata, su almacenamiento.

Por miedo a una nueva falta, el organismo almacena más los azúcares de los que se le han privado durante un largo periodo de tiempo. Hablamos pues de un rebote glucídico.

Carne cruda

Pero sobre todo, este tiempo de hambruna que se le hace sufrir al cuerpo va a desequilibrar completamente la relación entre el fondo nutricional y el metabolismo de base. Pasando un largo periodo en modo hipocalórico, el metabolismo de base baja de forma drástica. El cuerpo se habitúa a no tener que quemar muchas calorías en reposo. Sin embargo, cuando se restablece una alimentación normal, el metabolismo se mantiene a este nivel bajo. Esto se traduce concretamente por un aumento rápido de peso, constante, e importante, igual o superior al peso inicial.

Los regímenes hiperproteicos son peligrosos

Cuando se comienza un programa alimenticio hiperproteico, todo el mundo debe saber que corre un cierto riesgo. En realidad, podemos incluso llegar a hablar de un factor de riesgo anticipado de muerte. La importante revista médica Annals of Internal Medicine se hacía eco en 2010 de un estudio que estremece. A lo largo de 20 años, los investigadores hicieron un seguimiento sobre 130.000 personas adictas al régimen hiperproteico.

Los resultados fueron los siguientes: un 23% de riesgo superior de morir prematuramente con relación al resto de la población. Un 14% de riesgo superior de morir de un infarto. Un 28% de sufrir un cáncer.

Un problema cotidiano

Los efectos secundarios graves son enormes. En efecto, durante este tipo de régimen hiperproteico, se recomienda beber mucha agua. En realidad, se está lavando el organismo, y se le hace perder una cantidad importante de sales minerales esenciales. Además, al concentrarse en la proteína, concretamente la proteína de origen animal, se termina por acidificar el organismo.

Igualmente, se induce un desequilibrio neto en el pH corporal. Para compensarlo, el cuerpo saca de los tejidos musculares, óseos y tendinosos los elementos alcalinizantes. Por tanto, son las articulaciones, los dientes, o el pelo los que sufren por culpa de este tipo de nutrición.

Finalmente, los regímenes hiperproteicos inducen a muchos desarreglos que, a diario, nos incapacitan. El estreñimiento figura entre los más destacados. Esta patología deteriora las paredes intestinales. Una vez fragilizadas, las mucosas no pueden seguir controlando los agentes patógenos que atacan de forma mucho más eficaz al organismo. Por tanto, hablamos de un importante debilitamiento del sistema inmunitario.

Todo es cuestión de voluntad. Ciertamente, los regímenes hiperproteicos hacen que se pierda peso muy rápido. Pero ahora ya lo sabemos, esta pérdida va seguida de un aumento significativo del peso, y además nos exponemos a muchos riesgos graves para la salud.