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Sin detenernos en los beneficios que aporta a la piel para hacerla más brillante y dorada, el sol contiene una serie de beneficios indiscutibles. Antes de nada, es bueno destacar que los rayos UV del sol son nefastos para la piel si esta los recibe en exceso. Por eso es mejor moderar las exposiciones al sol y sobretodo utilizar protección, en crema o en spray, en función del tipo de cada piel.

Dicho esto, conviene saber que el sol tiene muchas virtudes, concretamente ofrece la capacidad de reforzar los huesos. En efecto, los UVB del sol favorecen la síntesis de la vitamina D, responsable de la arquitectura ósea.

EstéticaPara ello, basta con unos quince minutos de exposición al día, y sobretodo en las horas en la que los rayos no queman tanto, es decir al mediodía, a partir de las cuatro. A parte de la solidificación de los huesos, el sol también es bueno para reconstitución cutánea en caso se psoriasis.

El sol actúa sobre la moral

¿Cuántas veces os habéis sentido deprimidos por culpa del mal tiempo? ¿Cuántas veces habéis tenido la moral por los suelos porque llevaba lloviendo más de seis días seguidos? Conviene saber que el sol tiene sin lugar a dudas efectos positivos sobre el estado de ánimo de las personas. Y no se trata únicamente de una cuestión psicológica, sino también biológica.

Para comprender este fenómeno, conviene saber que nuestro cuerpo produce hormonas que influyen sobre nuestro estado de ánimo. La serotonina es, por ejemplo, la hormona de buen humor, la dopamina la del placer. Su secreción estaría favorecida por la melatonina y esta es más abundante con la luz. Nuestro cuerpo necesita sol para secretar la melatonina, y de esta forma sube la moral con toda seguridad.

Así pues, el sol es más que un aliado para la estética, es ante todo un compañero de viaje para toda la vida, y la garantía de una salud en buen estado, tanto físicamente como psicológicamente, y tan importantes son la una como la otra.