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El salvado de avena es una fibra vegetal del tipo de los glúcidos. Una molécula de salvado de avena está compuesta esencialmente de dos clases de fibras: las fibras solubles y la pectina, que es una variedad de la fibra insoluble. Es precisamente esta pectina la que confiere su viscosidad al salvado de avena cuando entra en contacto con los jugos gástricos.

Entre las propiedades atribuidas a esta substancia milagrosa, las funciones depurativas y diuréticas son las más destacables. Efectivamente, la molécula de salvado de avena capta fácilmente las toxinas presentes en la circulación de la sangre y contribuye a eliminar las células adiposas.

Salvado de avena y digestión

Cuando el salvado de avena se impregna de los jugos gástricos, la pectina que lo constituye le confiere un aspecto gelatinoso. Esta consistencia permite que la molécula absorba treinta veces más su volumen en agua. Por eso, cuando se ingiere un bol de ingredientes para el pansalvado de avena durante las comidas, la casi totalidad de lo que comáis quedará envuelto por el salvado de avena e irá directamente a las heces, sin pasar por la circulación sanguínea.

El régimen a base de salvado de avena

Un régimen que incluye salvado de avena es beneficioso por diferentes razones. Esta substancia impide el paso de los lípidos a la sangre, y evita el exceso de peso. Por otro lado, elimina las malas grasas, como el colesterol y los residuos que no necesita vuestro organismo.

Cuando se consume salvado de avena mientras se está realizando un régimen alimenticio, podemos mantener nuestro peso sin tener que privarnos de muchas cosas. A medida que se avanza en el régimen, se consigue perder gradualmente bastantes calorías. El salvado de avena se puede utilizar en la confección de masa de pizzas, para hacer pan e incluso pasta. También es ideal para mezclarlo con queso blanco y yogur.