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El régimen «South Beach Diet» del cardiólogo americano Agatston permite no sólo adelgazar sino también aprender a comer más sano y a largo plazo. Este régimen ha sido elaborado en 2004 por un cardiólogo del Estado de Florida para hacer adelgazar a sus pacientes que no conseguían con otros métodos clásicos perder peso, y al tiempo mejorar las tasas de colesterol y de triglicéridos, factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares.

El régimen Miami (es el nombre como se le conoce popularmente) alía pérdida de peso con salud, puesto que también tiene como objetivo aprender a seleccionar los «buenos» alimentos, es decir los que aportan alguna cosa al organismo (minerales, fibras, vitaminas) y abandonar los que procuran calorías vacías, es decir las que no tienen ningún interés para el buen funcionamiento del cuerpo y que por lo tanto están almacenadas en forma de grasas. Se trata de adquirir una mejor higiene de vida más allá de la pérdida de peso.

Los principios del régimen Miami

El régimen Miami se basa en una idea de partida bastante simple, destacar la calidad frente a la cantidad. Por lo tanto hay que elegir la alimentación con cuidado, buenos azúcares, buenas grasas, mientras que todos los alimentos transformados por la industria agroalimentaria deben evitarse.

RégimenSe puede pensar que este régimen es muy parecido a los regímenes «low carb» es decir sin hidratos de carbono (glúcidos, azúcares) de manera que el organismo toma de sus reservas de grasa, poniendo durante la primera etapa, el acento en las proteínas. Esto permite, además, evitar la sensación de hambre (las proteínas son saciantes) y así se evita el comer entre horas.

La limitación del consumo de azúcares, o su supresión total, permite perder peso rápidamente, al tiempo que conservamos la masa muscular, lo que es muy motivador durante una fase de adelgazamiento, y limita pues los riesgos de abandono prematuro.

Las ventajas y los inconvenientes del régimen Miami

Este régimen permite evitar la pérdida de peso importante, y no es difícil aplicarlo puesto que no es necesario pesar los alimentos, o contar las calorías. No da sensación de hambre y preserva la masa muscular. Sin embargo, para evitar el efecto «yoyo», no se debe quitar importancia a la fase de consolidación, con el peligro que eso conlleva de recuperar lo perdido y ganar algún kilo de más.